




Ni siquiera quedó el rastro más leve de su existencia. No había vestigio material alguno que evocara su recuerdo. Era mi mente la que insistía en perpetuar evocaciones en aquellos lugares que alguna vez compartimos: escenas que intentaban reconstruir lo que aparentemente fue… o lo que nunca sucedió. Al final, lo único que quedaba eran imágenes difusas, suspendidas en mi memoria.