Todo está oscuro. Abro los ojos y sigo viendo negro. Un aleteo me pone ner viosa. Paso los dedos entre mi cabello y comienzan a salir miles de mariposas de él. Me desespero, son más negras que la noche; no puedo respirar. Cierro los ojos para no verlas pero puedo sentirlas. Me digo a mí misma: “es solo un sueño”. Igual, sigo corriendo…

Estaba con mi amiga en una casa muy vieja, en Buenos Aires. Sentía la presencia de un fantasma; era una viejita que nos asustaba. Me desperté muy asustada y mi gatito se subió a mi pecho. Volvimos a quedarnos dormidos.

Mi mamá me mira mientras le disparan. Otro sujeto le dispara a mi tía. Se acercan y yo estoy ahí, inmóvil, con aquella arma entre ceja y ceja, con los ojos abiertos, mirándolos y aceptando la muerte.

Me sentía tan sola y tranquila… Caminaba descalza sobre la arena, muy cerca del mar. Recuerdo que tenía un vestido blanco; recordaba entonces, muchas imágenes de mi niñez.

Señor H y yo nos encontramos en el mismo espacio; cada uno pretende ignorar la presencia del otro; es una situación incómoda.

Caminaba en una casa, era muy bella y parecía un laberinto. Todo lo que contenía era realmente hermoso; sin embargo, me encontré con una puerta que me llevaba a un cuarto oscuro, Allí, contrario al ambiente inicial de la casa, todo era de color negro: los muebles, el piso, el techo, las paredes…

Me llené de angustia, y en medio de ésta, escuché la voz de un hombre. Giré en torno a la voz, me acerqué y lo abracé. El sentimiento de angustia se fue disipando y cada vez me sentí más tranquila. Justo cuando le pregunté su nombre, sonó la alarma.

Fui a un concierto de Gustavo Cerati, estaba en la primera fila. Yo sentía que él me miraba. Después, él me tomó de la mano mientras todo se tornaba oscuro. En algún momento parchaba con él. Suelo soñar con muchos artistas que se convierten en mis amigos.

El diablo entró a cagar a mi casa; lo hizo junto al televisor.

Yo solo recuerdo que tenía una herida muy profunda, abajo, en el costado izquierdo del abdomen. No recuerdo bien cómo pasó, pero algún loco me había apuñalado ahí; a mí y a varias personas.

Vi una fina llovizna de colores que hacía que la gente regresara a la edad que quisiera.  Mi madre tenía treinta años.

A una persona que creo conocer, se le murió el perro y estaba buscando otro.

No recuerdo nada.

Estaba en un tercer piso, sentada sobre el borde de una ventana. Me preguntaba qué pasaría si me cayera… Al cabo de un rato me dejé ir hacia atrás. Caí en un césped. La tierra empezó a abrirse mientras yo seguía cayendo. Dije: ya no quiero caer más. Me puse en pie y, con muy pocos pasos, salí caminando de lo que creí había sido un hueco muy profundo.