En su memoria algunos lugares quedaron inevitablemente limitados a la sensación de un día festivo, sabía que a partir de ese momento no podía permanecer más allí, no había nadie que le abriera alguna de esas puertas, no había ninguna persona del otro lado esperando por él detrás de todas esas fachadas.












Siempre he detestado salir a la calle un día festivo, esos días que aunque inhabituales me generan los vacíos más profundos, puedo entender porque las estadísticas muestran que en aquellos días son más frecuentes los suicidios, posiblemente el estar ausente de las actividades cotidianas hace que nos encontremos consigo mismo, solitarios frente a la ansiedad o la nostalgia nos invade la angustia. Para algunos este encuentro no terminará al anochecer por el contrario se agudiza más y muchos terminan por no soportarlo.
Los días festivos aunque desesperantes son necesarios para mantener un equilibrio entre nuestra vida activa laboral, la familia y el ocio, inclusive necesarios para la economía global, el sistema reafirma ¨nuestros empleados no pueden todo el tiempo trabajar, ellos también necesitan tiempo para descansar, salir y comprar cosas, aunque no las necesiten¨.
Tuvieron que pasar muchas cosas para que se pudieran establecer estos días no habiles: diversas batallas, acontecimientos históricos tantos políticos como religiosos que cambiaron el rumbo de la humanidad, donde muchos murieron y surgieron mártires y se conmemoraron así estos días marcados con puntos de color rojo sobre el calendario y que ahora representan gratamente para la gran mayoría de las personas días adicionales de descanso, u otros días adicionales de agonia.