Conservamos fragmentos de quienes ya no están; nos recuerdan su presencia, pero también nos hablan de lo irreparable.
Cuando conocí a Douce me resultaba atractivo hasta su más mínimo detalle. Las cosas que me podían resultar desagradables en otros, en ella parecían ser maravillosas. Recuerdo el mal olor de sus axilas de una tarde de verano; su manera de vestir o los callos de sus pies. Sin embargo, para mi, todo eso era parte de ella. Llegué amar todas esas cosas.
Algunas veces era necesario esperarla mientras comía, se tomaba el tiempo de la eternidad. Parecía como una pequeña niña que perdía el interés, por el sabor de lo que se encontraba en su plato, después de que su comida se enfriara.
Siempre que la buscaba entre la multitud cuando la esperaba en las estaciones del tren, donde muchas veces la esperé impaciente. Lo primero que podía reconocer a la distancia eran sus largos cabellos radiantes.
Recuerdo su manera de verme. Hacía mucho tiempo que nadie me observaba de esa manera. Sentía como si sus ojos azules acariciaran algo dentro de mi. Existía una especie de ternura que brotaban de sus gestos.
A veces no paraba de hablar, quería contar todas sus historias con cada detalle. Algunas cosas de las que decía me resultaban incomprensibles por su acento en francés. Pero me resultaba agradable descifrar eso que decía con su mirada y el movimiento de su cuerpo. Una tarde me hablo solo en español, yo sentía que me estaba enamorando otra vez.
Me hablaba mucho de su fijación por la literatura, y aunque muchas veces le insistí que me contará sus descubrimientos, de las citas que la habían emocionado, jamás me revelo alguna de ellas.
Me encantaba su cuerpo. Creo que tenía la apariencia de una mujer promedio. Sin embargo, en eso carecía precisamente su belleza, era una belleza autentica, cuando acariciaba su piel algunas veces podía sentir ese pequeño bello que aparecía por sorpresa, era tan suave. A ella no parecía gustarle, a mi me resultaba tan delicado.
Du peu de choses matérielles que j’avais d’elle, j’ai gardé une petite boule de ses cheveux. Cette boule, je l’ai trouvée dans la poubelle le premier jour où j’ai passé la nuit avec elle.
De las pocas cosas materiales que tuve de ella, guardé una bolita de sus cabellos. Encontré esa bolita en el cubo de la basura el primer día que pasé la noche con ella. La encontré encima de todos los desechos. La vi, como un objeto preciado del que alguien no se había percatado de su belleza, como en apariencia banal. Sin embargo, para mi, esos cabellos representaban la ternura de alguien que alegraba mi vida.
Decidí guardar esa bolita en un frasquito y cuando me sentía triste y echaba de menos a Douce, la sacaba, la tomaba suavemente entre mis manos, y aún, podía oler su aroma.
Esos cabellos me hacían creer que lo vivido no era un sueño, que existía una mujer pequeñita caminando por ahí.
Las cosas no eran muy sencillas para poder estar con Douce, parecía que todo estaba en contra. Ella tenía muchas cosas por resolver. Yo solo pensaba que por fin había encontrado el tipo de mujer que tanto había deseado, sentía una admiración. Creí por mucho tiempo que valía la pena esperarla. Qué tanto como ella y yo, teníamos una oportunidad y debíamos ser fuertes.
Llegué a sentir como si una semilla empezase a crecer en mi pecho, una semilla frágil, pero con un deseo de transformarse, un deseo de tener raíces fuertes. Esta semilla me hacía sentir un suave y sereno calor.
La situación empezó a complicarse con Douce. Yo no soportaba ciertas cosas, no dormía muy bien, mi atención se dispersaba. Ella trataba de tranquilizarme. Un día me dijo que no debería angustiarme, que la situación era difícil pero que ella creía en nuestro vinculo que me agradecía el gesto de soportar tal situación. Me dijo que estaría lista para mi, en septiembre, que me amaba y que no debería dudar de eso. Comprendí después de muchos intentos que ella necesitaba un tiempo para reflexionar. Acorde con ella, que era necesario distanciarnos, y fue lo que hicimos.
Después, de algunos días de incertidumbre, recibí un mensaje de texto de Douce. Sin ninguna explicación me dijo que no volvería a estar conmigo.
En ese momento sentí como si alguien hubiera arrancado ese pequeño árbol que hasta ahora empezaba a nacer.









