Cuando hacen presencia disfruto verlos solitarios, apartados de sus mundos, siendo honestos consigo mismos. En este monólogo interior imagino que recuerdan el pasado o anhelan el futuro, para ellos este presente no existe aunque aún esten respirando.












He tenido que ocultarme en todos estos escenarios sin que ninguno de ellos se percate de mi presencia, me gusta parecer invisible e imaginarme que ellos me desconocen, que no existo, todos son para mi desconocidos, no tengo vínculos con ninguno de ellos, nunca los había visto antes y seguramente nunca los volveré a ver. Ellos no saben que estuve aquí aguardándolos sin saber que vendrían.
Cuando hacen presencia disfruto verlos solitarios, apartados de sus mundos, siendo honestos consigo mismos. En este monólogo interior imagino que recuerdan el pasado o anhelan el futuro, para ellos este presente no existe aunque aún esten respirando.
Muchas veces pretendí creer que ellos eran quienes estaban abandonados e incomunicados, que nadie los esperaba, o incluso, que nadie los acompañaba y les decía adiós, aunque en vano con el tiempo todos terminaran siendo olvidados.
Pretendí muchas cosas, pero después de ver a tantos de ellos partir, cuando desaparecían en las esquinas pude entender que siempre al final, quien se encontraba en la absoluta soledad, era únicamente yo.
En Soledades, el fotógrafo se hace invisible para observar sin alterar. Cada imagen captura un instante espontaneo, donde los sujetos parecen perdidos en sus recuerdos o anhelos, ajenos al presente. Los espacios amplios y la luz tenue revelan su aislamiento, pero también el del observador: muchas veces, quien verdaderamente habita la soledad es quien mira.
Este proyecto no solo registra el mundo exterior, sino que refleja un estado interno: la introspección del artista y la fragilidad de la existencia humana. Soledades invita a mirar más allá de lo visible, a contemplar silenciosamente cómo somos espectadores de nuestros propios sentimientos.