Fotografiar una sombra implica registrar el encuentro entre la luz, la oscuridad y la materia. De esta interacción surge una forma transitoria que, mediante el proceso fotográfico, adquiere una nueva materialidad.













De la ausencia de lo material a la permanencia de lo intangible
La existencia de todas las cosas materiales está sometida a lo efímero. Ya se trate de animales, plantas o seres humanos, toda presencia lleva en sí misma su propia desaparición. En esta condición del mundo sensible, la sombra aparece como la huella provisional de una presencia y como el anuncio silencioso de su desvanecimiento.
En el centro de este proyecto, las sombras de las plantas se convierten en algo más que simples proyecciones. Fijadas por la fotografía, actúan como vestigios de seres destinados a desaparecer. Su imagen revela la fragilidad de toda presencia y recuerda que la desaparición no es lo opuesto a la existencia, sino una de sus condiciones fundamentales.
Fotografiar una sombra implica registrar el encuentro entre la luz, la oscuridad y la materia. De esta interacción surge una forma transitoria que, mediante el proceso fotográfico, adquiere una nueva materialidad. La imagen se convierte entonces en un objeto capaz de prolongar la presencia de aquello que ya no está.
Esta operación pone en juego un movimiento constante entre lo tangible y lo intangible. La fotografía transforma lo efímero en huella material, mientras que la imagen misma genera recuerdos, emociones y relatos que pertenecen al ámbito de lo inmaterial. La obra explora así las tensiones y los desplazamientos entre aquello que aparece, aquello que permanece y aquello que se desvanece
Esta reflexión encuentra un eco en el relato fundacional narrado por Plinio el Viejo, donde una joven dibuja la silueta de su amado proyectada por una sombra para conservar su presencia antes de su partida. Desde sus orígenes míticos, la imagen surge como un intento de retener aquello que amenaza con desaparecer. La escritura responde a una inquietud semejante: preservar aquello que, de otro modo, estaría destinado al olvido.
Las palabras ocupan, por ello, un lugar fundamental dentro de este proyecto. Más allá de su función comunicativa, contienen las huellas de una memoria colectiva, una forma de habitar el mundo y una historia cultural. Como los seres y las cosas, las lenguas también se transforman; algunos términos caen en desuso y desaparecen, llevándose consigo las experiencias, sensibilidades y modos de pensar que nombraban.
Una selección de palabras provenientes del español, lengua materna del artista, acompaña las imágenes. Estos términos, hoy poco frecuentes o en vías de desaparición, establecen un diálogo con las nociones de presencia, ausencia, transformación y permanencia:
— Lleta: tallo o brote naciente de una planta.
— Marchitura: estado de deterioro o marchitamiento.
— Quebrantante: aquello que rompe o produce una ruptura.
— Remaneciente: aquello que subsiste después de una transformación.
— Permaneciente: aquello que permanece.
La obra dialoga también con algunos de los dispositivos fundamentales en la historia de la fotografía. La cámara oscura hace visible una imagen luminosa en el interior mismo de la oscuridad, mientras que el negativo introduce una inversión que posibilita la reproducción de la imagen. Ambos procedimientos se sustentan en operaciones de transformación que modifican nuestra relación con lo visible y lo invisible.
La fotografía aparece así como un espacio de tránsito: entre la luz y la oscuridad, entre la presencia y la ausencia, entre la aparición y la desaparición. Aunque la imagen material está destinada igualmente a degradarse con el tiempo, conserva la capacidad de activar la memoria y prolongar, en el territorio intangible del recuerdo, aquello que ya no existe.
En esa persistencia frágil reside, quizás, su verdadera potencia.